CARLOS MIRANDA

El Acuerdo de París es la muestra más grande de cordura que ha dado el ser humano en toda su historia. Pactar unánimemente iniciar un vasto programa para reducir y controlar la emisión de gases que provocan el calentamiento del planeta, poniendo en peligro las condiciones de vida actuales, merece las máximas palabras de elogio y encomio.

Por nuestro grado de desarrollo, nuestra emisión de esos gases es casi insignificante, pero los efectos por el calentamiento del planeta que estamos sufriendo son muy serios. La desaparición del glaciar de Chacaltaya, la frecuencia de inundaciones en nuestro oriente, el achicamiento de los glaciares del Tuni Condoriri, comprometiendo el suministro de agua potable a las ciudades de La Paz y El Alto, la gradual reducción del manto blanco de las cimas del Illimani y ahora la desastrosa sequía, y horrorosa desaparición del lago Poopó.

Aunque los resultados de las reuniones de Kyoto y Copenhague fueron experiencias frustrantes, sirvieron para que todos tomemos conciencia del problema del calentamiento del planeta. Por eso, el Acuerdo de París no ha sido una explosión de entusiasmo, se lo veía venir.
Es así que el 3 de agosto pasado, cuando el presidente Obama comunica al Secretario General de las Naciones Unidas el plan de energía limpia que su país ofrecerá en París, éste no dejó de expresar su optimismo en sentido de que reunión COP 21 tenía las mejores posibilidades de ser un éxito.

La potencia industrial más grande del mundo, con el aviso de energía limpia, rompía las ataduras que los países industrializados alegaban en reuniones anteriores. Además, la reunión COP 21 estaba confiada a la diplomacia francesa y como la reunión se realizaba en París, se esperaba un acuerdo sobre el cambio climático siguiendo la tradición de los grandes acuerdos firmados en la Ciudad Luz. Afortunadamente sus expectativas se cumplieron.

En palabras simples, el Acuerdo de París es un gran convenio legalmente vinculante entre todos los países que han firmado para iniciar programas de reducción y control de emisión de gases contaminantes que provocan el efecto invernadero, con el resultado de ocasionar el calentamiento del planeta, alterando los climas a los cuales estaba acostumbrada la humanidad.
Aunque no esté explícitamente dicho, los villanos del calentamiento son los combustibles fósiles, petróleo y carbón, porque su combustión genera los gases que producen el efecto invernadero. Pero como la energía que utiliza el mundo está básicamente proporcionada por esos combustibles, no se puede pretender que su uso desaparezca a corto plazo.

El presidente francés, Francois Hollande, ha manifestado con toda propiedad lo que el Acuerdo de París pretende: "Aunque este pacto es el comienzo (…), el mundo ha escrito una nueva página de su historia. Entramos en la era del bajo carbono. Es un movimiento imparable e irreversible”.
Ahora sí, con toda claridad se ve que el gas natural será el combustible de transición por ser el menos contaminante.

Por lo anterior, las bondades de este combustible ya no pueden ser desconocidas en las negociaciones de venta de gas natural.
Nosotros somos el exportador de gas más antiguo de Latinoamérica. El primer contrato fue negociado por la entonces presente en Bolivia Gulf Oil Corp., en 1968. En esos tiempos el problema del calentamiento del planeta era ignorado.

En las negociaciones de precio del contrato de venta de gas al Brasil (YPFB - Petrobras), cuyo fin está cercano, los negociadores bolivianos, en repetidas ocasiones, intentaron que se reconociera explícitamente en el precio el valor no contaminante del gas que se contrataba. No se tuvo éxito. Ahora se ve que los planteamientos bolivianos eran correctos: Sao Paulo y Santos en Brasil, después de usar cerca de 20 años gas natural, han dejado de ser los centros más contaminados del continente.

El contrato vigente con Argentina, (YPFB-ENARSA) es una copia del contrato con Brasil y, por tanto, no se menciona la emisión de gases contaminantes.
Una misión oficial boliviana ha iniciado las negociaciones para renovación o extensión del actual contrato de venta de gas con Brasil. Esperemos que esta vez, en los precios, se logre el reconocimiento a la calidad ecológica y especial del gas.

Ingeniero y analista energético.

Tomado de paginasiete.bo

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