
MAURICIO MOSCOSO G.
La regulación de tasas de interés ha sido aplicada como una herramienta de política pública orientada a reducir el costo del crédito y canalizar recursos hacia sectores estratégicos. Sin embargo, la evidencia internacional muestra que este tipo de intervenciones suele generar resultados ambiguos y, en muchos casos, efectos contrarios a los objetivos perseguidos, particularmente en el sector de las microfinanzas (Helms & Reille, 2004; World Bank, 2014).
Las microfinanzas operan bajo condiciones estructurales específicas: altos costos operativos, dispersión geográfica, informalidad de los prestatarios y mayores riesgos crediticios. En este contexto, la imposición de topes a las tasas plantea una tensión difícil de resolver entre el objetivo de ampliar el acceso al crédito y la necesidad de preservar la sostenibilidad de las instituciones que atienden a los segmentos más vulnerables (Armendáriz & Morduch, 2010).
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GONZALO VILLEGAS VACAFLOR
Bolivia no necesita una economía mixta. Necesita liberar la economía. El 80% de su población económicamente activa se encuentra en la informalidad o trabaja por cuenta propia. Este dato no es un problema del modelo liberal, sino el resultado de décadas de estatismo asfixiante, trabas burocráticas, persecución fiscal y una cultura de dependencia promovida por el populismo.
En lugar de insistir en modelos fracasados —como el socialismo o la llamada “economía social y comunitaria”—, Bolivia debe avanzar hacia un Estado mínimo: un Estado que se concentre en funciones esenciales como la defensa, la justicia, la seguridad interna descentralizada, la educación primaria, la moneda y las relaciones exteriores. Nada más. El resto debe ser competencia del individuo, del mercado, de la sociedad civil organizada sin coerción estatal.
GONZALO VILLEGAS VACAFLOR
El gobierno de Arce ha admitido que no tiene dólares para seguir comprando gasolina y diésel, algo que ya sabíamos todos los bolivianos. Pero en lugar de facilitar las cosas para que el sector privado se encargue de buscar una solución, vuelve a ponerse en medio para obstaculizar una salida como lo vienen pidiendo diversos sectores que están urgidos por el combustible.
Si el gobierno quisiera resolver el grave problema, evitar un colapso económico, con hambruna incluída, decretaría hoy mismo la liberación total de la importación y comercio de combustibles, lo que implica suspender los aranceles, eliminar la burocracia y hacer una pausa impositiva de tal manera que el combustible pueda llegar al consumidor final a un precio razonable y evitar que la economía se paralice por completo.
Pero en lugar de eso, los avivados del régimen se ofrecen como intermediarios para seguir monopolizando la importación de carburantes y venderlos a los agropecuarios y mineros con sobreprecio. Por otro lado, no explica qué hará con el resto de los consumidores, es decir, los particulares y transportistas, pero lo más seguro es que tratarà de mantener el subsidio diferenciado, un esquema que se presta para el tráfico de influencias, la corrupción y el enriquecimiento de los operadores gubernamentales que están lucrando incluso en los momentos más críticos que vive el país.
ANTONIO SARAVIA
A medida que se acerquen las elecciones escucharemos una y otra vez a los candidatos decir que su objetivo es crear empleos. Escucharemos hasta el cansancio las promesas del tipo “vote por mí, ¡yo crearé quinientos mil empleos!,” “no, vote por mí, ¡yo crearé seiscientos mil!,” “¡yo un millón!”… Muchos sacarán pecho y dirán que ellos crearon empleos en sus empresas o municipios y que, por lo tanto, saben cómo hacerlo y merecen la confianza del electorado. Otros dirán que son expertos economistas y que eso les da la posibilidad de crear empleos en toda la economía y no solo en un sector o industria, y así…
La promesa de crear empleos es un clásico electoral en Bolivia y la mayoría de los países del mundo. Ofrecer empleos siempre funciona porque le promete a la gente un vehículo para ganarse la vida. Lo cierto, sin embargo, es que la obsesión política con el empleo tiene mucho de populismo y poco de racionalidad económica.
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