Economía

botsuanaLIPTON MATTHEWS

Entre 1965 y 1995, Botsuana registró la tasa de crecimiento económico más rápida del mundo. El espectacular éxito de Botsuana ha desconcertado a muchos analistas, porque tras conseguir la independencia en 1966, las perspectivas de Botsuana eran poco prometedoras. Al fin y al cabo, Botsuana no tiene salida al mar y, por término medio, el historial de estos países es poco impresionante. Pero la geografía no era el único obstáculo para el desarrollo de Botsuana. La Botsuana independiente sufría una grave escasez de capital humano.

Un estudio sugiere que, en 1965, el 72,7 % de los ciudadanos de Botsuana mayores de 25 años no tenía estudios formales, el 24,6 % había cursado la enseñanza primaria y el 0,1% de los ciudadanos mayores de 25 años había completado la enseñanza superior. Las cifras brutas evocan una imagen más deprimente al articular que sólo veintidós personas del país eran titulados universitarios y cien habían completado la enseñanza secundaria. En cambio, Zambia tenía diez veces más graduados de secundaria y Uganda setenta veces más. Además, a diferencia de otras colonias, las inversiones británicas en Botsuana eran marginales, y cuando el gobierno colonial se retiró, Botsuana tenía doce kilómetros de carretera.

igualitarismoHUGO MARCELO BALDERRAMA

El índice de Gini debe su nombre al profesor de estadística Conrado Gini (amigo personal de Benito Mussolini y alto funcionario de su gobierno).

El índice mide la desigualdad de un país en una escala de cero a uno. Su principio es simple: cuando toda la riqueza está concentrada en pocas manos estaremos muy cerca del 1. Pero cuando esta se encuentra bien distribuida, el indicador se acerca a cero. Por lo tanto, los políticos que pretenden construir sociedades más «justas», «igualitarias» y «progresistas» deberán buscar que el mencionado indicador se acerque a cero.

Sin duda, especialmente en las últimas décadas, que el índice de Gini les sirve a los políticos de muchos países como, en el mejor de los casos, instrumento de marketing y, en el peor, como justificativo para todo tipo de tropelías.
Pero cabe preguntarse si acaso es cierto que una sociedad más igualitaria es siempre preferible o más moral que una con mayor desigualdad.

Y la respuesta es un rotundo ¡no!

Porque «lograr» que todos seamos iguales, cosa imposible, es inmoral. Además, que la búsqueda de esa igualdad socava el derecho y destroza la economía. Veamos.

contrabandoANTONIO SARAVIA

Se calcula que el contrabando ingresa al país alrededor de USD 2.300 millones en mercadería cada año: ¡casi el 6% del PIB! Son más de 1.500 diferentes tipos de productos los que ingresan ilegalmente desde países vecinos: frutas, verduras, arroz, conservas, carne, cerveza, ropa (más de 7.000 toneladas por año), electrodomésticos, medicinas, computadoras, juguetes, materiales de construcción, autos y un infinito etcétera. Estamos, sin lugar a dudas, ante una de las actividades económicas más grandes y poderosas del país.

El contrabando es tan importante que es imposible explicar la vida cotidiana en Bolivia sin él. Si usted compró algo hoy en algún lugar del territorio nacional (desde un chicle hasta un auto), podría apostar que ese producto llegó de contrabando y usted lo compró en la economía informal (que representa alrededor del 70% de la economía del país). El contrabando es nuestro pan de cada día (literalmente, porque mucha harina también ingresa ilegalmente).

AXEL KAISER

En defensa de los ricos columna Axel Kaiser 01

El socialismo, explicó Friedrich Hayek, fue una doctrina basada en primitivos e irracionales instintos de justicia que, una vez convertidos en creencias capaces de movilizar la acción política y social, producían devastadores efectos. La idea de ‘justicia social’, entendida como el afán de redistribuir riqueza para igualar a los miembros de una comunidad, pensaba con razón Hayek, respondía a ese patrón irracional al atribuir al mercado características propias de actos humanos voluntarios.

En un mercado abierto basado en la igualdad ante la ley no hay una voluntad única que decide cuánto recibe cada quien, sino millones de decisiones distintas que conducen a una distribución de recursos impredecible y espontánea que se encuentra en permanente cambio. Ahora bien, como nadie ha decidido la distribución de recursos en un mercado abierto, entonces no existe injusticia que corregir, más aún si esta resulta de millones de intercambios voluntarios que en sí mismos son justos. Que cientos de miles de personas paguen por oír la música de los Rolling Stones ejerciendo su libertad es perfectamente justo y nada hay de reprochable éticamente en que lo hagan convirtiendo a Mick Jagger y su banda en multimillonarios, a menos que se crea que el éxito y la riqueza son en sí mismos males morales que deben ser extirpados. Lo que se aplica a los Stones se aplica, por cierto, a cualquier otro empresario.