Impuestos y desigualdad: ¿Para qué precisamos más impuestos?
GONZALO SCHWARZ

Las elecciones nos demuestran que en Uruguay la democracia sigue vivita y coleando y que nuestro país sigue siendo un ejemplo de instituciones fuertes en la región. Sin embargo, lo que también nos mostraron es que seguimos pensando de manera paulatina sobre los cambios que requerimos para que los uruguayos alcancen su máximo potencial y tengan más florecimiento humano. Mi país no es el de los grandes cambios, sino de las reformas y movimientos graduales. Donde prevalece más un discurso basado en la seguridad económica y juego de suma cero enfocado en la desigualdad en vez de en el dinamismo económico, el cual a la larga genera más seguridad económica y más movilidad social.
El estar en contra de la desigualdad es loable, si a lo que nos referimos con eso es que nos preocupa que la gente que está en la pobreza no puede salir de ella y que existen barreras que dejan a la gente en la pobreza. Pero, si en cambio, lo vemos como al parecer lo ven varios sectores de la izquierda actual uruguaya como una lucha de clases, como un juego de suma cero que requiere que para que esos pobres salgan de la pobreza hay que atacar o estar en contra de los ricos, ahí ya el concepto de desigualdad económica pierde su relevancia. Ya que al enfocarse en ese aspecto y no en cómo remover las barreras que generan más desigualdad económica acabaremos generando más pobres en el largo plazo.
Hace poco escuchamos propuestas de economistas como Mauricio De Rosa que proponen un impuesto al patrimonio. Cabe destacar que en la actualidad muy pocos países tienen este tipo de impuestos, solamente Colombia, Noruega, Suiza y España. La tendencia en los últimos años ha sido de más bien remover ese tipo de impuestos. En 1995 había 15 países que tenían un impuesto al patrimonio y ahora, como decíamos, hay solo cuatro. Entre los países que han removido sus impuestos al patrimonio luego de experimentar con ellos, se incluye a países como Alemania, Países Bajos, Dinamarca, Finlandia y Suecia, entre algunos de los más llamativos. Si muchos de esos países, y en especial, los escandinavos, que son conocidos como los países con mayor movilidad social y menor desigualdad, remueven esos impuestos, ¿por qué pensamos que en Uruguay eso funcionaría?
Una guía de libre mercado para las medidas de Trump contra la inmigración
RYAN MCMAKEN
El presidente electo Donald Trump basó gran parte de su campaña en promesas de tomar medidas drásticas contra la inmigración y llevar a cabo deportaciones masivas.
Políticamente, este tema probablemente fue un factor decisivo para Trump, después de que las redes sociales expusieran a millones de estadounidenses a innumerables reportajes y videos de extranjeros recibiendo dinero en efectivo, vivienda gratuita, subsidios alimentarios y, en general, un trato especial a expensas de los contribuyentes. Mientras tanto, los estadounidenses que sí pagan impuestos soportaban aumentos de precios impulsados por la inflación y una economía en deterioro, mientras eran sermoneados por las clases altas sobre la necesidad de ser "acogedores". Muchos votantes decidieron apoyar al candidato que no estaba a favor de importar una nueva clase dependiente de subsidios pagados por los contribuyentes.
Por esta razón, es probable que Trump dé prioridad a cumplir al menos algunas de sus promesas de tomar medidas drásticas contra la inmigración.
Lo que un Trump desatado significa para Estados Unidos

FRANCIS FUKUYAMA
El presidente electo republicano está inaugurando una nueva era en la política de EE. UU. y quizás para el mundo en general.
La aplastante victoria de Donald Trump y del Partido Republicano el martes por la noche traerá cambios importantes en áreas clave de política, desde la inmigración hasta Ucrania. Pero el significado de la elección va mucho más allá de estos temas específicos y representa un rechazo decisivo por parte de los votantes estadounidenses al liberalismo y a la forma particular en que el concepto de una “sociedad libre” ha evolucionado desde la década de 1980.
Cuando Trump fue elegido por primera vez en 2016, era fácil creer que este hecho era una aberración. Se enfrentaba a un oponente débil que no lo tomaba en serio, y en todo caso Trump no ganó el voto popular. Cuando Biden ganó la Casa Blanca cuatro años después, parecía que las cosas habían vuelto a la normalidad tras una desastrosa presidencia de un solo mandato.
Después del voto del martes, ahora parece que fue la presidencia de Biden la que fue una anomalía, y que Trump está inaugurando una nueva era en la política estadounidense y quizás para el mundo en general. Los estadounidenses estaban votando con pleno conocimiento de quién era Trump y qué representaba. No solo ganó una mayoría de votos y se proyecta que se lleve todos los estados oscilantes, sino que los republicanos retomaron el Senado y parece que mantendrán la Cámara de Representantes. Dada su actual dominación de la Corte Suprema, ahora están listos para controlar todas las principales ramas del gobierno.
Pero, ¿cuál es la naturaleza subyacente de esta nueva fase de la historia estadounidense?
No confundan a Javier Milei con Jair Bolsonaro
DANIEL RAISBECK

Si usted lee la prensa mundial, puede tener la impresión de que Javier Milei, el ganador en las elecciones primarias de Argentina el domingo pasado, es una copia de Jair Bolsonaro, ex presidente de Brasil, a quien varios medios de comunicación apodaron "el Trump de los trópicos".
Es cierto que Bolsonaro apoyó a Milei antes de las elecciones. En una entrevista de 2021, Milei dijo que tenía una "afinidad casi natural" tanto con Bolsonaro como con Donald Trump debido a su "clara agenda contra el socialismo y el comunismo". Cuando Milei fue elegido por primera vez para el Congreso de Argentina en noviembre de 2021, El País informó que algunos de sus partidarios llevaban pines y camisetas con el lema "Libertad, Guns, Bolsonaro, Trump" (un juego de palabras con el acrónimo LGBT). Al igual que Bolsonaro y Trump, Milei rompe con el protocolo político establecido –mediante el uso táctico de lenguaje procaz– y hace caso omiso de la corrección política. Sin embargo, más allá de los trucos y las declaraciones generales, las diferencias de Milei con Trump y Bolsonaro son tan significativas como las similitudes.
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