HENRY OPORTO
Es indudable el éxito diplomático del Gobierno: Bolivia regresa a la Convención de Viena, levantándosele la prohibición del acullicu en el territorio nacional. El significado de este hecho es que, ahora, dicha Convención se ajusta a la realidad del acullicu, una práctica que, no obstante su prohibición internacional, en Bolivia nunca se vio penalizada o restringida: los bolivianos siguieron “pijchando” como siempre, ignorando que desafiaban una obligación contraída por el Estado boliviano.
He ahí otra muestra de la inutilidad de las legislaciones prohibicionistas y su vano intento por acabar con tradiciones arraigadas en las comunidades nacionales.
La tolerancia, que ahora parece expresar una mayoría de países hacia el masticado de la hoja de coca en Bolivia, puede ser entendida como otra señal más del nuevo clima que surge en el escenario internacional con respecto a la cuestión de las drogas. Por cierto, un clima propicio para el debate sobre el futuro de la política antinarcóticos, a la luz del comprobado fracaso de la guerra contra las drogas, y por tanto de la necesidad de encontrar alternativas más eficaces, basadas en la regulación del mercado, la educación, la prevención y la salud, tal cual lo vienen pidiendo destacados líderes políticos del mundo.
BORIS GÓMEZ
Constantemente escuchamos a autoridades nacionales expresar preocupación por el incremento/decremento de ingresos por concepto de exportación de gas natural.
No dejemos de lado un elemento económico irrebatible: Bolivia vive de las exportaciones de hidrocarburos (de gas, concretamente) y no tiene una industria alternativa o paralela.
Consecuentemente el aumento o disminución de los precios del petróleo en el mercado internacional afectan de sobremanera la economía boliviana.
OVIDIO ROCA
Encontrar el tesoro, extraerlo y comercializarlo es el oficio de los buscadores de fortuna. No son creadores o constructores, son extractores y recolectores de los tesoros de la naturaleza, pues no buscan inventar, producir, fabricar, sino extraer del suelo la plata, el oro, el estaño, el gas; recursos todos no renovables, en una practica centenaria que marca la historia económica de nuestro país y la cultura de nuestro pueblo.
Este comportamiento forma parte del accionar tradicional de todos los países periféricos. Producir y exportar exclusivamente materias primas (minerales, hidrocarburos) y alimentos, sujetos a las constantes variaciones de los precios y viviendo bajo la dependencia de la tecnología ajena: tecnología y patentes de invenciones, que en los países desarrollados generan mucho más ganancias que las materias primas.
CARLOS MIRANDA
El año 2013 venía muy auspicioso. El Día del Petrolero, 21 de diciembre pasado, el presidente a.i. de YPFB declaraba en tono casi dramático: “Las exigencias de los pueblos originarios son demasiadas, obstruyendo las actividades de hidrocarburos”, “demando superar este reto en forma inmediata por el riesgo que representa el retraso en los proyectos”.
Esas declaraciones no son un mensaje cualquiera. Han sido efectuadas por un hombre de total confianza del Gobierno, que inclusive ha sido reconocido como El Hombre del Año.
Adicionalmente, se hizo conocer que YPFB había contratado los servicios de una de las más prestigiosas empresas consultoras en organización de empresas petroleras para modificar su estructura a fin de alcanzar las metas que se ha propuesto.
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