Políticas públicas

IVÁN ARIAS 

El crecimiento económico del país, como fruto de los ingresos del gas, contrasta con la inversión en educación que sigue con promedios muy bajos.
En 2013, de bolivianos 172.021 millones contemplados en el PGE, se destinaron para educación 15.000 millones, equivalente a un 8,7% del PGE. Y para este año, el PGE 2014 de 195.410 millones de bolivianos, destina al sector educación apenas el 6,7% del mismo.

De esta manera en vez de ir para adelante, vamos para atrás: en 1970 la economía boliviana se parecía a Corea del Sur. El país asiático, luego de la guerra de la mitad del siglo XX, apenas empezaba a levantarse y su ingreso per cápita era de 270 dólares al año, mientras que Bolivia registraba 240 dólares por cada persona.

IVÁN ARIAS 

En el libro El Estado de la Justicia Boliviana del Estado Republicano al Estado Plurinacional (2013), de William Herrera Áñez, el autor da números sobre la justicia que son para asustarse, y ojalá los candidatos a gobernar los tomen en cuenta. Veamos:
A la pregunta de si consideraban que nuestros tribunales respetan la garantía del debido proceso, el 82,74% respondió que no y sólo el 17,26% que sí.

Consultados sobre si la elección de las autoridades judiciales mejoró la administración de justicia, el 80,14% dijo que no y sólo el 19,86, que sí. Para el 75,2% de los encuestados no existe respeto al principio de igualdad jurídica, ya que la justicia discrimina a las personas por razones económicas, relaciones de poder o presiones políticas.

EDUARDO BOWLES

La presidente Dilma Rousseff les ha pedido “civilidad” a los brasileños durante los días del Mundial. En otras palabras, les ha solicitado que se porten educados, como “chicos buenos” y que no hagan líos para hacer quedar bien al país.

Lo dijo cuando faltaba menos de una semana para el inicio de la cita futbolística y los organizadores pasaban nervios con las protestas, las gasificaciones y una huelga de los trabajadores del Metro de Sao Paulo que, de haberse prolongado hubiera causado una catástrofe de proporciones épicas.

CARLOS SABINO 

Europa pretende acabar con su crisis incrementando el tamaño del Estado, sin darse cuenta de que ésa es la causa de su declive ante el mundo

Embajadores europeos, de un modo más o menos desembozado, recorren América Latina para imponernos su agenda, sus puntos de vista y, en última instancia, un modelo de vida que nos presentan como el único legítimo, moral y eficaz. El respeto irrestricto al medio ambiente, combate a la pobreza por medio de transferencias directas a los más pobres y la intervención del Estado en la economía y la vida civil son parte de ese mensaje que, indefectiblemente, va acompañado de un reclamo por aumentar los impuestos.

Se nos transmite con insistencia la idea de que sin una expansión del Estado es imposible el desarrollo económico y la paz social. Parecería que ellos viven en un mundo perfecto y que, generosamente, se ofrecen para darnos la receta de tan maravillosa panacea. Pero no es así, de ningún modo.

En primer lugar porque Europa —y los Estados Unidos también, por cierto— no han logrado superar aún los efectos de una crisis económica que estalló hace ya más de cinco años y que ha llevado a casi todos sus países a la recesión y el desempleo.

La crisis, más allá de los detonantes coyunturales que tuvo, proviene justamente del endeudamiento de unos Estados que absorben aproximadamente la mitad de la economía nacional y que tratan de garantizar absoluta seguridad a sus sociedades: Educación y salud para todos, seguros de desempleo, pensiones y jubilaciones para una población relativamente joven, vivienda… y mucho más.