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venezuela mapGuillermo Rodríguez González

Históricamente, han sido nuestras propias trampas culturales y prejuicios los que nos impiden ir en la dirección del desarrollo.

"El mercantilismo, el caudillismo y el socialismo son nuestros mayores obstáculos."

Venezuela fue del mercantilismo –y 100 años prácticamente ininterrumpidos de guerra civil en el siglo XIX–. Luego vino la paz del mercantilismo positivista impuesto en una prolongada dictadura del que creíamos había sido el último de los caudillos. Pero no. El caudillismo militarista resurgía actualizando su viejo positivismo con aires socialistas en otra dictadura mucho menos prolongada hacia mediados del siglo XX. Regresaría en el siglo XXI a la cabeza del socialismo revolucionario, tras el colapso del democrático socialismo moderado que estatizando los sectores estratégicos inutilizó una eventual alternativa con un proteccionismo que impuso la incompetencia en la sobre regulada economía privada restante.

Nunca llegamos al desarrollo, primero que nada porque nuestra cultura política lo rechazó cada vez que se encontró involuntariamente a sus puertas pero también porque:

Es decir, lo que la élites venezolanas han buscado –o al menos afirmado perseguir– es el desarrollo. Alcanzar el desarrollo es objetivo que las legitimaba como élites, ante una población que lo ha deseado y creído posible los últimos 100 años. Pero nuestras élites intelectuales, políticas, empresariales y militares han creído y transmitido por todos los medios a su alcance es que el único camino que no se ha de seguir hacia el desarrollo es el del capitalismo. Por desgracia, ese camino, que masas y élites rechazan en Venezuela una y otra vez, es el único camino viable al desarrollo. Los otros han fracasado.

De hecho, en las condiciones institucionales de una economía mercantilista razonablemente insertada en el mercado global, la renta petrolera apropiada por el Estado no fue impedimento suficiente para evitar un crecimiento económico que desde la segunda década del siglo XX llevó a Venezuela, cuando menos, a la frontera del desarrollo: a las puertas del capitalismo. Entre mediados del siglo y la década de los 1970, tampoco lo fue el que los ciclos económicos sufridos tuvieran la variante de la enfermedad holandesa.

Para nada más que empobrecernos indeteniblemente a largo plazo nos sirvió lo que se dedujo necesariamente de la teoría del agotamiento del mal llamado “capitalismo rentístico” a ser sustituido por una economía no rentista y no capitalista. O, como sucediera antes, el modelo keynesiano de impacto agregado simple de la renta petrolera distorsionado por la volatilidad del precio del crudo a ser corregido por la planificación centralizada del activismo macroeconómico.

La única explicación real es que la apropiación de la renta por el Estado, en las condiciones de nuestra cultura política estatista y anticapitalista, generó una estructura de incentivos que condujo a una transición al socialismo que hizo inevitable el empobrecimiento a largo plazo por la creciente descoordinación inherente al mismo, únicamente revertida parcial y temporalmente por medios populistas clientelares apenas sostenibles durante los períodos de precios altos del crudo, que, a su vez, han coincidido con los de establecimiento y radicalización del socialismo.

Es la trampa de la que debemos salir para alcanzar el desarrollo.

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Tomado de es.panampost.com