JAVIER MANSILLA
Entre los productores del campo y las amas de casa opera una intermediación ineficiente, desproporcionada y voraz que hunde el precio de sus productos a los primeros y a ellas se los encarece. Como caso concreto, los agricultores arroceros, que vienen advirtiendo que sus insumos agrícolas, transporte, intereses, etc., se han incrementado de tal manera que para tener utilidades deben vender su fanega de arroz en chala (200 kg) en no menos de 70 dólares.
Para entender qué pasa en el trayecto campo-ciudad que hace el arroz como muchos otros productos, no hay mejor cosa que recurrir a los números fríos. El precio en los mercados del quintal de arroz pelado (46 kg), según la variedad y calidad, fluctúa entre Bs 250 y 400, una media de 7,07 por kg que, una vez fraccionado, sube a 10 o 11. Una fanega de arroz en chala rinde por lo menos dos y un cuarto de quintales de arroz pelado y pulido (104 kg); adicionalmente, rinde un quintal entre afrecho y granillo (46 kg), y el saldo es chala, impurezas y humedad (50 kg).
En algunos casos se negocia los costos del ingenio arrocero de modo de dar en pago el afrecho y el granillo, y retirar el arroz limpio y embolsado. Sin embargo, como los productores andan siempre urgidos por realizar sus cosechas en billetes, los ingenios les compran el arroz en chala para beneficiarlo por cuenta propia de acuerdo con la demanda. De esa manera estos funcionan como acopiadores y reguladores de los precios en tiempos de cosecha, y en cierta forma también regulan los precios del arroz para consumo los 12 meses del año.
Es decir, si la fanega de arroz en chala la pagan a razón de 45 dólares (Bs 313,20) como denuncian los productores, que ese es el precio que reciben actualmente, resulta que el producto final para el acopiador mayorista es Bs 139,20 por quintal (3,03 por kg), libre de sus costos industriales, generándose un margen de más de Bs 7 por kg hasta la canasta de las amas de casa.
Algo en la cadena entre el campo y los hogares bolivianos no está funcionando de manera de repartir equitativa y proporcionalmente los costos y los beneficios.
Por eso, cuando usted vea que en ciertos sectores proliferan los comerciantes por miles –porque vendiendo unos cuantos productos de la canasta familiar a unas cuantas amas de casa les alcanza para hacer su día–, alguien recibe insuficiente por su esfuerzo y riesgos (los productores del campo) y alguien paga caro por lo que compra (las amas de casa)#
Tomado de eldeber.com.bo