FERNANDO MOLINA
En la celebración del tiempo ‘poscalendario maya’, que los indianistas esperan sea un tiempo fantástico para los pueblos indígenas, el presidente Evo Morales, moderno Moisés andino, dictó sus “diez mandamientos contra el capitalismo”. El primero preconiza la reforma de la democracia, una reforma que el segundo delinea de la siguiente manera: “Se debe pasar de la democracia representativa, que está al servicio de las élites, a la democracia comunal, en la que no existen mayorías ni minorías, sino que las decisiones se toman en consenso y donde se impone la razón y no el voto”.
Este mismo fue el proyecto del partido de Evo antes de llegar al poder. Los principales intelectuales ligados al MAS, entre ellos el vicepresidente, habían hecho carrera criticando la ‘democracia representativa’ y proponían una reforma estructural del sistema político nacional. Sin embargo, cuando se dieron las condiciones para que esta se llevara a cabo, es decir, cuando se redactó una nueva Constitución, la ‘democracia comunal’ no apareció más que en los espacios locales, y solo como una posibilidad que aún no se ha concretado, mientras que el resto del Gobierno –comenzando por los concejos y terminando en la presidencia del Estado– se organizó según los preceptos de la ‘democracia representativa’ y, por lo tanto, se supone, ‘al servicio de las élites’.
Es más, allí donde legalmente es posible que los métodos del consenso sustituyan al voto, esto es, en las autonomías indígenas, el MAS ha luchado y lucha actualmente por que sea el voto y no la designación rotativa o la delegación en una asamblea –los métodos que se atribuye a los indígenas– el método de elección de los gobernantes. Esta es su posición, por ejemplo, en la autonomía de Jesús de Machaca.
Por tanto, de los dos primeros ‘mandamientos de Evo’ se puede decir lo siguiente: a) que él mismo no los cumple, pese a tener el poder de intentar hacerlo, y b) que no cree en ellos, porque lo suyo y lo de su partido siempre ha sido aprovechar los mecanismos representativos para dominar a los grandes conglomerados humanos; no limitarse a esquemas que solo funcionan en las más aisladas comunidades rurales.
A diferencia de lo que ocurrió en 2005-2008, hoy en Bolivia ya nadie habla de ‘democracia comunal’. El concepto solo ha sido desempolvado para solaz de los románticos que de los indígenas bolivianos solo saben lo que sale a relucir, interesadamente, en ritos ‘for export’ como el del pasado 21 de diciembre.
Tomado de eldeber.com.bo