OVIDIO ROCA
La libertad es el derecho de decir a la gente aquello que no quiere oír”: George Orwell en su novela 1984.
El principio básico de la vida en democracia es el respeto a los demás, a las leyes que rigen en el país y aquellas disposiciones que las Naciones Unidas sancionaron como Derechos Humanos Universales.
La llamada corrección política, es una moda que surge en los campus universitarios del mundo desarrollado y se expande como una plaga por todo el orbe, afectando todo proceso de análisis y evaluación objetiva y responsable de los fenómenos sociales.
En este afán del quedar bien, se exalta demagógicamente lo indígena, la homosexualidad, la juventud, la ideología de género, el migrante. Una oferta de privilegios en beneficio personas y grupos a los que por presentar una diferencia se coloca en un pedestal, en perjuicio del ciudadano común y con el efecto pernicioso de los principios de la ciudadanía. Lo irónico es que como siempre las promesas no se cumplen, como lo pueden aseverar los indígenas arawaks del oriente boliviano.
Somos producto de nuestra historia y circunstancias y por tanto no todos opinan igual ni poseen la misma sensibilidad. Se tiene distintas maneras de ver las cosas, algunas personas poco se ofenden y otras responden violentamente ante cualquier señalamiento y esto se explica porque la percepción de la ofensa responde a la cultura y mentalidad del que se siente ofendido. Por esto es que la ley debe establecer lo que es verdaderamente ofensivo y por tanto punible. El problema es que muchas veces esto se lo regula siguiendo el criterio interesados de los grupos de presión mejor organizados.
Es urgente y necesario respetar a los demás, pero eso no inhibe nuestro derecho a expresar con libertad nuestras ideas y argumentos. Si alguien se molesta y se rasga las vestiduras, lo hace para aprovecharse de esa plaga de lo políticamente correcto.
Renunciar al libre discurso, al libre pensamiento, para evitar herir la sensibilidad de algunos no solo es estúpido sino peligroso, porque pone en cuestión los principios de la democracia y da paso para que algunos usen estos argumentos victimizándose y construyendo su propia plataforma de poder como se lo ha visto en Bolivia.
Tomado de eldia.com.bo