CARLOS HERRERA
¿Es la religión islámica la que está enfrentada con los valores Occidentales? ¿O se trata más bien de un lío político entre una visión autoritaria y otra democrática? ¿Por qué en las sociedades musulmanas la pretensión de que la religión rija la vida social entera? ¿Es eso lo que promueve el Islam, el control total de la vida de las personas, incluida la política ? ¿O por el contrario se trata sólo de una perversa manipulación de los que detentan el poder político para preservar su sitial y fuerza política?
Vayamos por partes. Lo primero a decir cuando se trata de valorar un libro sagrado (religioso) es que su lenguaje es generalmente metafórico, son libros llenos de retórica moralista y de episodios que refrendan tal moral y son por tanto fáciles de interpretar en varios sentidos. Sin embargo de ello es seguro que el Corán no tiene otra inspiración que la de preservar la vida y la buena convivencia entre musulmanes.
Es decir, se trata de un libro que alienta los mejores sentimientos humanos, no la violencia ni la maldad terrorista, con toda seguridad. Nada ha de haber por tanto allí que niegue los valores occidentales de convivencia, porque éstos suelen ser los mismos en todas las civilizaciones. La discrepancia con nosotros entonces no se debe a la filosofía del Islam, porque éste no manda en ningún caso a pegar tiros y a matar a los “infieles” occidentales.
¿Dónde nace entonces el lío de los musulmanes con Occidente ? No siendo la discrepancia “religiosa”, pareciera que el lío es entonces más político que otra cosa. ¿Pero entre quienes? Pues entre los que detentan el Poder en algunas de las sociedades islámicas y el mundo libre y democrático de Occidente, y en razón de la visión política totalizante que tiene la teocracia musulmana, es decir, creen que el Poder debe regir toda la vida de la sociedad, como cree el socialismo, el populismo o creía el absolutismo del pasado.
¿Y cómo es que los religiosos han alcanzado tal grado de poder en éstas sociedades? Porque siendo la tradición histórica política de las sociedades musulmanas las del autoritarismo más cerrado (es decir, cero libertad porque éste es un valor del mundo libre) el único espacio donde el ciudanos podían expresar sus preocupaciones con cierta libertad fueron las mezquitas (cuya privacidad la autoridad no podía violar) y ahí el orígen de la influencia de la religión en la vida de los musulmanes y la explicación mas racional de su ascenso paulatino al Poder.
De ahí también que a la Teocracia musulmana no le interesen para nada los valores políticos occidentales (democracia, libertad, etc) y por eso han forzado la interpretación del Corán hasta instalar en la mente musulmana la nefasta idea de que la religión debe regir la totalidad de la vida y el orden social.
Y para consolidar esta conveniente filosofía tampoco han dudado en instaurar unas dictaduras bárbaras que alientan y alimentan facciones de enajenados violentos, capaces de matar inocentes y realizar actos terroristas en cualquier lugar del mundo, porque saben muy bien que en la guerra política nada mejor que tener el enemigo ocupado en defenderse y mejor si desconcertado también.
Europa y los musulmanes
De lo anterior deriva el problema que Europa tiene ahora con la integración de la comunidad musulmana. Un problema que ahora tiene que ver ya con la propia cultura del pueblo musulmán, es decir, no sólo con su teología sino con su forma de concebir el orden social, una concepción hoy muy influida por su religión.
Se trata entonces de un problema de fondo, porque cuando hablamos del “orden social” hablamos de un fenómeno que casi lo abarca todo. El desajuste con los musulmanes no se limita hoy en día a fenómeno puramente religioso, sino que tiene que ver incluso con la estructura y los valores jurídicos, con las normas que rigen la vida social musulmana.
Porque mientras que en Occidente el Derecho constituye una esfera independiente de la religiosa, en el mundo musulmán casi no hay diferenciación, la religión pretende regirlo todo, incluído el Derecho. De suerte que la “política”, que en Occidente es el ámbito de la negociación y resolución de conflictos sociales, en el mundo musulmán la rigen los religiosos, cuya formación e intereses están subordinados sobre todo a la permanencia de la religión musulmana.
Es por eso también que la integración de los musulmanes en el mundo occidental debiera incluir obligaciones puntuales para las comunidades (además de las formalidades exigidas a los individuos) porque en los hechos en Europa hay comunidades urbanas islamitas donde no rigen las leyes del Derecho Occidental sino la Sharia, que es un rejuntado de normas extraídas básicamente del Corán (el equivalente a la Biblia occidental, es decir, el libro que contiene “la palabra de Dios”) mediante forzadísimas interpretaciones realizadas por religiosos especialmente habilitados para ello, un “Derecho” además que sólo puede ser modificado cada cierto tiempo en un conciliábulo específico.
La Sharia entonces son las normas laborales, civiles, penales, sucesorias, contractuales, etc. lo que es un absurdo desde la óptica racional más elemental. Es decir, mientras que en Occidente las normas se aglutinan por materias y se modifican en los parlamentos (o por sentencias judiciales) y por acuerdos políticos según las necesidades de la sociedad (un derecho dinámico por tanto) y ello sin embargo siempre bajo la sombra de las constituciones democráticas, en el mundo musulmán el Derecho vigente es un Derecho casi petrificado por la lentitud y rigidez con la que cambia, lo que claramente impide una sana dinámica modernizante de la sociedad musulmana.
El problema con ellos es que piensan que la religión debe regir la totalidad de la vida, lo que obviamente choca contra la concepción occidental sobre la religión, a la que nosotros le hemos asignado un lugar más bien espiritual, no de rectora de la vida en general, como sí lo hacen los musulmanes. De ahí también la necesidad de que Occidente debata este problema de una forma racional y descubierta, no sólo para entender la naturaleza del peligro que enfrenta el mundo Occidental, sino incluso para ayudar a los propios musulmanes a resolver esta penosa contradicción.